La LD en el carmelo femenino

santa teresa rostroSECRETARIATUS GENERALIS PRO MONIALIBUS O.C.D.

ROMAE

 PROYECTO DE REFLEXIÓN TEOLÓGICO ESPIRITUAL

DE LAS MONJAS CARMELITAS DESCALZAS

 Meditar día y noche en la Ley del Señor:

la “lectio divina”

en el Carmelo Teresiano femenino contemplativo

***   *   ***

 Esquema orientador de la Casa General

 INTRODUCCIÓN

La expresión latina “lectio divina” es sinónimo de una “lectura orante” de la Escritura para alimentar la oración y entrar en comunión con su misterio que se nos presenta a través del texto bíblico.

La “lectio divina” se distingue de la exégesis científica, del estudio y la interpretación, porque se centra en el diálogo de fe entre el lector y Dios, bajo la acción del Espíritu Santo.

El concilio Vaticano significó un regreso a la centralidad de la Palabra de Dios y eso trajo como consecuencia un redescubrimiento de la “lectio divina” cuyo método ha tenido diversas adaptaciones a la luz de las exigencias pastorales y de los grupos de cristianos que buscan practicarla.

Hemos querido tener como punto de partida en nuestras reflexiones “teológico-espirituales” precisamente la “lectio divina”, ya que ella une en sí la escucha de la Palabra y la vida de oración continua que la Regla y la experiencia y doctrina de nuestros Santos Padres nos inculcan como elemento central de nuestro carisma en la Iglesia: meditar día y noche la ley del Señor y velar en oración,”estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”(1).

En esta reflexión teológico-espiritual, a partir de la experiencia de vida, las carmelitas descalzas queremos tomar conciencia de la necesidad de reubicar la Palabra de Dios como el verdadero corazón y fuente de nuestra vida y misión en la Iglesia. No hay alimento más sólido y nutritivo para nuestra vida de intimidad y comunión con el Señor que su Palabra reflexionada y orada. Ya el Vaticano II recordaba a todos los cristianos que “a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues ‘a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras”(2).

Nuestra reflexión teológico-espiritual sobre el tema toma como punto de partida nuestra experiencia personal y comunitaria. No se trata de hacer teología especulativa sino de compartir nuestras vivencias y elaborar una teología narrativa(3) para compartir con nuestras hermanas y hermanos de todo el mundo. Así aparecerá la riqueza de la unidad en la diversidad de estilos y formas de realizar la lectura orante de la Escritura en el Carmelo Teresiano Femenino en el mundo de hoy.

Para verbalizar y sistematizar con claridad nuestras experiencias necesitamos reflexionar las enseñanzas de la Biblia y de la Teología; dar una mirada a la historia en general y a la tradición carmelitana en particular. De allí saldrán las conclusiones prácticas que nos pueden ayudar y enriquecer en los diversos contextos socio-culturales y eclesiales en los que vivimos.

Por este motivo hemos distribuido nuestra reflexión personal y comunitaria en cinco perspectivas: bíblica, teológica, histórica, carmelitana y práctica.

El Centro de la Orden ofrece este subsidio esquemático para ayudar a las regiones en las que no se cuente con la posibilidad de elaborar directamente los propios esquemas para guiar la reflexión teológico-espiritual. NO hay, por tanto, ninguna obligación de utilizarlos y menos de seguirlos literalmente.

Pedimos al Señor que bendiga este Proyecto. El suscitó en nosotros/as esta idea para ayudarnos a saber escuchar y poner en práctica su palabra desde una identidad vocacional carmelitano-teresiana Además, de este modo, las carmelitas comenzaremos a compartir nuestra experiencia de Dios con nuestro lenguaje propio de mujeres consagradas a la contemplación. El Papa nos invita a ello: “se espera mucho del genio de la mujer en el campo de la reflexión teológica, cultural y espiritual, no sólo en lo que se refiere a los específico de la vida consagrada femenina, sino también en la inteligencia de la fe en todas sus manifestaciones”(4).

I. LA PERSPECTIVA BÍBLICA DE LA “LECTIO DIVINA“.

Desde el punto de vista de la Escritura, la “lectio divina” es la lectura creyente y orante de la Palabra de Dios, hecha a partir de la fe en Jesús, quien dice: “En adelante el Espíritu Santo defensor, que el Padre les enviará en mi nombre, les va a enseñar todas las cosas y les va a recordar todas mis palabras” (Jn 14,26).

El Nuevo Testamento practica, en cierto modo, la “lectio divina” del Antiguo Testamento. En efecto, el NT es en parte el resultado de la lectura que los cristianos hacían del A.T. a la luz de sus problemas y a la luz de la nueva revelación que Dios hizo de sí a través de la resurrección de Jesús, presente y vivo en la comunidad.

El objetivo de la “lectio divina” es el mismo de la Biblia: dar “la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús” (2 Tm 3,15); “enseñar, argüir, corregir y educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena” (2 Tm 3, 16-17); animar nuestra esperanza: “en efecto, todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza” (Rom 15,4).

“La “lectio divina” supone algunos principios, siempre presentes en la lectura cristiana de la Biblia:

1. La unidad de la Escritura. La Biblia tiene una gran unidad: cada libro, cada frase tiene su lugar y su función para revelarnos el Proyecto de Dios. Las diversas partes son como los ladrillos de una pared inmensa. Juntos forman el dibujo del Proyecto de Dios. El principio de unidad de la Escritura prohíbe aislar los textos, arrancándolos de su contexto, y repetirlos como verdades aisladas y absolutas. Un ladrillo sólo no hace la pared. Una línea sola no hace el dibujo. La Biblia no es un camión de ladrillos, sino una casa donde se puede vivir.

2. La actualidad o encarnación de la Palabra. Los cristianos cuando leemos la Biblia, no podemos olvidar la vida, sino que debemos cargarla con nosotros, dentro de nosotros. Teniendo la vida ante nuestros ojos, descubrimos en la Biblia el reflejo de aquello que nosotros mismos estamos viviendo. La Biblia se convierte así en el espejo de lo que nos pasa en la vida y en el corazón de todos. Descubrimos que la Palabra de Dios se encarna no sólo en aquellas épocas del pasado, sino también hoy para poder estar con nosotros y ayudarnos a enfrentar los problemas y a realizar las esperanzas: “¡Ojalá oyerais hoy su voz!” (Sal 95,7)”.

3. La fe en Jesucristo vivo en la comunidad. Leemos la Biblia a partir de nuestra fe en Jesucristo, vivo en medio de nosotros. Jesús es la clave principal de la lectura que hacemos. La fe en Jesús ayuda a entender mejor la Biblia; y la Biblia ayuda a entender mejor el significado de Jesús para nuestra vida. La lectura hecha en comunidad hace que la Biblia, Tradición y Vida formen una unidad viviente”(5).

Preguntas para la reflexión personal y comunitaria

1. ¿Tenemos presentes en nuestra lectura de la Biblia los tres principios necesarios para una lectura cristiana de la Biblia?

2. ¿Qué hacemos en nuestra comunidad para tener una formación bíblica que nos permita respeta  la unidad de toda la Escritura en nuestra lectura orante?

3. ¿Cómo conectamos la Palabra de Dios en la Escritura con la Palabra de Dios en la vida?

4. ¿De qué modo logramos hacer que Cristo sea la clave principal de nuestra lectura orante de la Biblia?

 II. LA PERSPECTIVA TEOLÓGICA DE LA “LECTIO DIVINA”

La lectio divina encontró en el Vaticano II un nuevo dinamismo. El Concilio, en efecto, presentó la Iglesia a la escucha de la Palabra: “La Palabra de Dios la escucha con devoción y la proclama con valentía el santo Concilio, obedeciendo a aquellas palabras de Juan: Os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también vosotros viváis en esta unión nuestra que nos une con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Jn 1,2-3) … para que todo el mundo, con el anuncio de la salvación, oyendo crea, y creyendo espere y esperando ame”(6).

Otra afirmación del mismo Vaticano II nos presenta la íntima conexión que existe entre la Iglesia y la Palabra de Dios a través de la lectura orante de la Escritura. Eso le permite crecer en su comprensión: “Esta tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2,19.51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los Obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios”(7). El Vaticano II recordó también que Dios nos habla en los “signos de los tiempos”(8)

Desde la perspectiva teológica es necesario leer e interpretar la Escritura con el mismo Espíritu con que fue escrita y teniendo en cuenta la condescendencia de Dios que se adapta a nuestra naturaleza humana(9) y se expresa en lenguaje humano. Por este motivo, el primer paso para la “lectio divina” es la lectura que conduce a la meditación, a la oración y termina en la contemplación. No es fácil distinguir estos cuatro pasos ya que coexisten. Con todo, es útil conocer las características de cada uno de ellos aunque después, en la práctica, estos cuatro pasos se entremezclan.

“La lectura es el primer paso para conocer y amar la Palabra de Dios. No se ama lo que no se conoce. Es también el primer paso del proceso de apropiación de la Palabra… Leer mucho para familiarizarse con la Biblia; para que se vuelva palabra nuestra, capaz de expresar nuestra vida y nuestra historia”

“Por la lectura frecuentamos la Biblia como se frecuenta a un amigo… La lectura, entendida como estudio crítico, ayuda al lector a analizar el texto y a situarlo en su contexto de origen. Este estudio tiene tres niveles:

a) literario: aproximarse al texto y, por medio de preguntas analizar su tejido: ¿quién? ¿por qué? ¿cuándo? ¿cómo? ¿con qué medios?¿cómo se sitúa el texto dentro del contexto literario del libro del que es parte?.

b) histórico: por medio del estudio del texto hay que llegar al contexto histórico en que surgió el texto, o en el que se dio el hecho narrado por el texto y analizar la situación histórica …

c) teológico: descubrir, por medio de la lectura del texto, lo que Dios quería decirle al pueblo en aquella situación histórica; lo que Dios significaba para aquel pueblo; cómo El se revelaba; cómo el pueblo asumía y celebraba la Palabra del Señor …

La lectura, cuando está bien hecha, ayuda a superar el fundamentalismo. Cuando se hace mal lo aumenta. El fundamentalismo es la gran tentación que se ha instalado en la mente de mucha gente. Separa el texto del resto de la vida y de la historia del pueblo y lo absolutiza como la única manifestación de la Palabra de Dios en la vida. Es la ausencia total de conciencia crítica. Distorsiona el sentido de la Biblia y alimenta el moralismo, el individualismo y el espiritualismo en la interpretación de la misma”(10).

El segundo paso es la meditación. A través de ella se dialoga con el texto, lo rumiamos y lo actualizamos. “La lectura respondió a la pregunta: ¿qué dice el texto?, la meditación va a responder a la pregunta ¿qué dice el texto para mí, para nosotros? La cuestión central de la que se trata, de aquí en adelante, es ésta: ¿qué es lo que Dios, por medio de ese texto, viene a decir hoy…” Para responder a esta pregunta “se entra en diálogo con el texto, haciendo preguntas que obliguen a usar la razón y procuren adentrar el texto en el horizonte de nuestra vida. Se medita reflexionando, interrogando: ¿qué hay de semejante o de diferente entre la situación del texto y la nuestra hoy? … ¿qué dice el texto para nuestra situación? ¿qué cambio de comportamiento me sugiere…?… Otra manera de hacer la meditación es repetir el texto, rumiarlo, masticarlo, hasta descubrir qué es lo que tiene que decirnos. Es lo que María hacía cuando rumiaba las cosas en su corazón (Lc 2,19.51) … Después de haber hecho la lectura y haber descubierto su sentido para nosotros, es bueno intentar resumir todo en una frase, de preferencia sacada del propio texto bíblico, para retenerla en la memoria y para ser repetida y masticada durante el día, hasta hacerla propia. Por intermedio de este rumiar, nosotros nos colocamos bajo el juicio de la Palabra de Dios y dejamos que ella nos penetre como espada de dos filos (Hebr 4,12) …

Casiano dice: ‘Instruidos por aquello que nosotros mismos sentimos, ya no percibimos el texto como algo que sólo oímos, sino como algo que experimentamos y tocamos con nuestras manos: no como una historia extraña inaudita, sino como algo que damos a luz desde lo más profundo de nuestro corazón, como si fueran sentimientos que forman parte de nuestro propio ser. Repitámoslo: no es la lectura la que nos hace penetrar en el sentido de las palabras, sino la propia experiencia nuestra, adquirida anteriormente en la vida de cada día” (Collationes X,11). Aquí ya no parece existir diferencia entre Biblia y vida, entre Palabra de Dios y nuestra palabra…. El estudio pone los conductores, la experiencia adquirida genera la fuerza, la meditación aprieta el botón, hace correr la fuerza por los cables y enciende la lámpara del texto. Tanto el cable como la fuerza, ambos son necesarios para que haya luz. La vida ilumina el texto. El texto ilumina la vida. La meditación también profundiza la dimensión personal de la Palabra de Dios.

La meditación es una actividad personal y también comunitaria. Compartir lo que cada uno siente, descubre y asume en el contacto con la palabra de Dios, es mucho más que la suma de lo que cada uno ha dicho. La búsqueda en común hace aparecer el sentido eclesial de la Biblia y fortalece el sentido comunitario de la fe. Por eso es tan importante que la Biblia sea leída, meditada y estudiada y rezada no sólo individualmente, sino también, y sobre todo, en común. Pues se trata del libro de cabecera de la Iglesia, de la comunidad”(11).

El tercer paso es la oración. A través de ella se suplica, se alaba, se recita. “La actitud de oración está presente desde el comienzo de la lectio divina… la meditación ya es casi una actitud de oración, pues, por sí misma se transforma en plegaria. Pero en la dinámica de la lectio divina, aún cuando todo está salpicado por la oración, debe haber un momento especial, propio, para la oración. Por medio de la lectura tratamos de descubrir qué es lo que dice el texto. La meditación confronta la lectura con nuestra vida: ¿qué es lo que dice el texto par mí, para nosotros? Hasta ahora era Dios quien hablaba. Llegó el momento de la oración propiamente dicha: ¿qué me hace decir el texto, qué nos hace decirle a Dios? … La oración promovida por la meditación, comienza por una actitud de admiración silenciosa y de adoración al Señor. A partir de ahí, brota nuestra respuesta a la Palabra de Dios… Como en la meditación, es importante que esta oración espontánea no sea sólo individual, sino también que tenga su expresión comunitaria en forma participada. La oración provocada por la meditación, puede ser también recitación de preces ya existentes. En este punto el Oficio Divino presta una gran ayuda … Finalmente, en la oración se reflexiona también el itinerario personal de cada uno en su caminar en dirección a Dios y en su esfuerzo por vaciarse de sí mismo para dar lugar a Dios, al hermano, al pobre, a la comunidad. Aquí se sitúan las noches oscuras con sus crisis y dificultades, con sus desiertos y tentaciones, rezadas, meditadas y enfrentadas a la luz de la Palabra de Dios (Mt 4,1-11).

La contemplación es el último paso de la lectio divina. Conduce a observar, saborear y actuar. “La contemplación reúne en sí todo el camino recorrido de la lectio divina: hemos leído y escuchado su Palabra, la estudiamos y hemos descubierto su sentido. Con ese sentido nos hemos comprometido y hemos comenzado a rumiarlo para que entre en la dinámica de nuestra vida y pase de la cabeza al corazón; hemos transformado todo esto en oración ante Dios, como proyecto para nuestra vida… Ahora, por fin, teniendo todo esto en nuestra mente y corazón, comenzamos a tener una mirada nueva para observar y valorar la vida, los hechos, la historia … Este nuevo mirar es la contemplación. ¡Nuevo mirar, nuevo sabor, nueva acción! La contemplación envuelve a todo el ser humano. San Agustín decía que por medio de la lectura de la Biblia, Dios nos devuelve el mirar de la contemplación y nos ayuda a descifrar el mundo y a transformarlo para que sea nuevamente una revelación de Dios, una teofanía. La contemplación, así entendida, es todo lo contrario de la actitud de quien huye del mundo para poder contemplar a Dios.

La contemplación, como resultante de la lectio divina, es la actitud de quien se sumerge dentro de los acontecimientos para descubrir y saborear en ellos la presencia activa y creadora de la Palabra de Dios y, además, procura comprometerse con el proceso de transformación que esta palabra está provocando dentro de la historia. La contemplación no sólo medita el mensaje, sino que también lo realiza; no sólo lo escucha, sino que lo pone en práctica. No separa los dos aspectos: dice y hace; enseña y anima; es luz y fuerza … La contemplación, como punto final de la escala es el nuevo nivel para un nuevo comienzo. Es como subir a una torre muy alta … Dan ganas de seguir subiendo para contemplar mejor el paisaje. Y así, vamos subiendo siempre más en un proceso que no termina nunca. Vamos leyendo siempre la misma Biblia, mirando siempre el mismo paisaje. Pero a medida que se sube la visión se profundiza, el paisaje se hace más amplio, más real… Y así vamos subiendo, junto con nuestros hermanos/as, intercambiando ideas, ayudándonos unos a otros para no dejar atrás a nadie. Y así vamos subiendo hasta que lleguemos a contemplar a Dios cara a cara (1 Cor 13,12) y, en Dios, los hermanos/as, la realidad, el paisaje en una visión completa y definitiva”(12)

Preguntas para la reflexión personal y comunitaria

1. ¿Practicas la “lectio divina” teniendo en cuenta estos pasos explícita o implícitamente?

2. ¿En tu comunidad se practica alguna vez en común la “lectio divina”? ¿De qué manera? ¿Con qué frutos?

3. ¿Juzgas útiles los pasos sugeridos por la tradición para hacer la “lectio divina” o tienes otras sugerencias?

 III. LA PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LA “LECTIO DIVINA”

El episodio de los discípulos de Emaús, como nos lo presenta el evangelio de Lucas, (Lc 24, 13-35), contiene ya los elementos de lo que más tarde se llamaría en la Iglesia la lectio divina: Jesús enseña a los discípulos de Emaús a conectar la vida con la Palabra en la Escritura y a expresar en la caridad concreta y eficaz y en la proclamación de la Buena Noticia, el fruto de la luz recibida en el diálogo con El.

En el año 238, aparece ya la expresión “lectio divina” en griego, en una carta de Orígenes a su discípulo Gregorio que se preparaba para ir a evangelizar. Lo exhorta a dedicarse al estudio de las Escrituras con estas palabras: “Dedícate a la lectio de las Escrituras divinas; aplícate a esto con perseverancia … Empéñate en la lectio con la intención de creer y de agradar a Dios … Dedicándote así a la “lectio divina” busca con lealtad y confianza indestructible en Dios el sentido de las Escrituras divinas, que se encierra en ellas muy ampliamente”(13).

En ese momento no había ciertamente una metodología para hacer la lectio divina. Esto es fruto de un desarrollo posterior. Los ascetas y los cenobitas (ss. II-IV) daban un lugar central a la lectura de la Escritura. Más adelante, Casiano (+435) transmite el consejo del Abad Nestor: “Esfuérzate por aplicarte asiduamente, más aún, constantemente, a la lectio divina, e insiste en ella hasta que esta continua meditación no haya impregnado tu alma y no la haya plasmando en cierto modo a su imagen” (Conferencias, XIV,10)(14). Poco a poco el ejercicio de la lectio divina entra en la organización de la vida monástica.

Gregorio Magno desarrolla la exégesis espiritual de la Escritura con el método llamado ruminatio (acción de rumiar) de la Palabra internamente. San Benito usa la misma palabra en su Regula 48,1, cuando alude a la ocupación primordial de los monjes en la lectura divina y los invita a dedicarse a la lectura y al estudio de la Biblia. En el s. XII, Guido II, abad de la Gran Cartuja hace una exposición metódica de la lectio divina. El autor la presenta como una escala para subir al cielo. Indica los cuatro escalones: la lectura, la meditación, la oración y la contemplación. A partir del S. XVI la lectio cede su lugar a sistemas racionales y especulativos y se cae en una espiritualidad hecha de devociones y que se preocupa de la interioridad. El lugar de la lectio lo ocupa la oración mental a la que se inician las personas a través de diversos métodos.

El Vaticano II volvió a la centralidad de la Palabra. Estableció que los fieles debían tener “fácil acceso a la Sagrada Escritura”. En la Constitución Dei Verbum recomienda a todos los fieles “la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo (Flp 3,8), ‘pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo'”(15). La lectio divina hoy tiene la misión de hacer de la oración personal y comunitaria una respuesta segura a Dios que nos sigue hablando en las Escrituras: “en los libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual. Por eso se aplican a la Escritura de modo especial aquellas palabras: la palabra de Dios es viva y enérgica (Hebr 4,12), puede edificar y dar la herencia a todos los consagrados (Hch 20,32; cf. 1 Tes 2,13)(16).

Después del Concilio la práctica de la lectio divina ha ido creciendo en las comunidades de

consagrados/as, en los movimientos eclesiales, en las comunidades cristianas, en la pastoral de las iglesias particulares. De este modo en la vida de la Iglesia ha vuelto a aparecer en forma clara la centralidad de la Escritura, recordada por el Vaticano II: “La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo. La Iglesia ha considerado siempre como suprema norma de su fe la Escritura unida a la Tradición, ya que, inspirada por Dios y escrita una vez para siempre, nos transmite inmutablemente la palabra del mismo Dios; y en las palabras de los Apóstoles y los Profetas hace resonar la voz del Espíritu Santo. Por tanto, toda la predicación de la Iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritura”(17)

Preguntas para la reflexión personal y comunitaria

1. ¿Cuáles son las principales conclusiones prácticas que sacas de este breve panorama histórico de la lectio divina?

2. ¿A qué se debe en el Carmelo contemplativo el alejamiento de la lectura orante de la Escritura? ¿Qué se ha hecho para recuperar su centralidad?

3. ¿Existe en la programación de la vida de tu comunidad un tiempo para la lectio divina

comunitaria?

 IV. LA PERSPECTIVA CARMELITANA DE LA “LECTIO DIVINA”

1. La “lectio divina” y la Regla del Carmen

“La Regla carmelitana es profundamente bíblica. Es sustancialmente bíblica. No sólo por las citas – explícitas, implícitas, alusivas – de la Sagrada Escritura que superan el centenar, según las actuales investigaciones. La extrema brevedad del texto (cerca de 1100 palabras) da a estas citas una gran importancia. También porque los modelos de referencia y el lenguaje de la Regla, en general, son típicamente bíblicos: en algunos capítulos se trata de una verdadera y propia “lectio divina, que produce consecuencias prácticas … Hoy en día somos ya conscientes de esta peculiar característica, pero en el pasado casi nadie se había dado cuenta, porque se hacía una lectura “ideológica” y “preconcebida”: se hacía decir a la Regla aquello que se tenía en mente, ya fuese el sentido eremítico, o aquél mariano, o ascético”(18).

Leyendo la Regla constatamos que la familiaridad profunda que tenían los autores de ella, los hizo capaces de expresar su proyecto con fragmentos bíblicos y, “al mismo tiempo, la fidelidad a la Palabra los lleva a encontrar formas prácticas y simbólicas que encarnan creativamente … Este lazo entre Palabra – proyecto – organización es también un estilo típico de las corrientes espirituales del tiempo … y esto muestra un camino útil también para hoy. Se trata de hacer hablar a la Palabra para interpretar la vida; y de transformar la vida y la praxis para que sean iconos de la Palabra”(19).

“La Regla abre tres puertas por donde la Palabra de Dios puede entrar en la vida de los carmelitas:

a. La puerta de la lectura personal: meditación en la celda, rumiar la Palabra que va desde la boca al corazón, produciendo pensamientos santos, y lleva a actuar en todo conforme a la Palabra de Dios.

b. La puerta de la lectura comunitaria: oír juntos la Palabra en el refectorio, durante las reflexiones, en la capilla durante la celebración de la Eucaristía….

c. La puerta de la lectura eclesial: rezar los salmos de acuerdo a la costumbre aprobada por la Iglesia; procurar estar dentro de la tradición de los Santos Padres (Prólogo); tener presente el ideal de la Iglesia de los primeros Apóstoles, descrito en Hechos”(20).

En la Regla reconocemos fácilmente los cuatro pasos tradicionales de la lectio divina:

a. “Lectura. Antes que nada, la Palabra debe ser oída o leída: tanto en el refectorio, en la Eucaristía, en el Oficio divino, como en particular, en la celda.

b. Meditación. Luego la Palabra leída y oída debe ser meditada y rumiada. Esta meditación deber ser hecha día y noche, sin cesar, sobre todo en la celda. Por medio de esa meditación (rumiar), la Palabra desciende de la boca al corazón y produce pensamientos santos.

c. Oración. La Palabra, una vez oída y meditada, debe ser recogida en la oración, debe volverse oración: tanto en el Oficio Divino, en la Eucaristía, como en la celda, donde el carmelita debe vigilar en oración día y noche.

d. Contemplación. Esta lectura produce el siguiente resultado: la palabra invade el pensamiento, el corazón y la acción, y así, todo será hecho en la Palabra del Señor.

La Regla del Carmen no sólo recomienda la lectura de la Biblia, sino también la practica… La Regla es, al mismo tiempo, fuente y fruto de la lectio divina y nos muestra la manera como ella usa e interpreta la Biblia…. El objetivo, a partir del cual y en función del cual la Regla usa y lee la Biblia es la preocupación de vivir en obsequio de Jesucristo, expresada en el prólogo. El seguimiento de Jesús es su parámetro. El aparece en el comienzo, en el prólogo, y en los dos últimos capítulos, donde pide al prior poner en práctica lo que Cristo habló en el Evangelio y pide a los súbditos ver a Cristo en la persona del superior…

El aporte que la Regla nos da no está sólo en aquello que ella enseña sobre la lectura de la Biblia, sino también en la manera como ella misma usa la Biblia. Ella sabe encarnar la Palabra de Dios al punto de asumirla como suya”(21).

2. Santa Teresa y la Sagrada Escritura

“Una de las razones de la riqueza y de la actualidad de la espiritualidad teresiana es su profundo talante bíblico. Es sorprendente el enorme contenido bíblico de la obra teresiana a través de las citas directas que hace de la Biblia, las constantes alusiones indirectas a la misma, las llamativas intuiciones hermenéuticas con que se acerca a los textos y el sugestivo uso que hace de los pasajes y de los personajes bíblicos para explicar actitudes de vida o para iluminar sus propias experiencias espirituales… Es doblemente sorprendente el lugar que ocupa la Biblia en la vida y en la doctrina de Santa Teresa cuando la enmarcamos en su tiempo. Nos encontramos frente a una mujer que no tuvo oportunidad de realizar un estudio profundo de la Biblia y ni siquiera la conoció íntegramente. … Santa Teresa vivió en una época en que el acceso a la Sagrada Escritura era parcial e indirecto. Su cultura bíblica es incompleta y poco sistemática. No tuvo nunca un ejemplar de la Biblia delante para leerlo, estudiarlo o consultarlo. En su tiempo la Sagrada Escritura estaba prohibida para el pueblo pues las autoridades eclesiásticas temían que produjera daños en su fe … Muchos teólogos de su tiempo estaban convencidos que la Palabra de Dios era un alimento peligroso para la gente sencilla y particularmente para las mujeres. Uno de ellos, Melchor Cano, llegó a escribir: “Por más que las mujeres reclamen con insaciable apetito comer de este fruto (leer la Sagrada Escritura), es necesario vedarlo y poner cuchillo de fuego, para que el pueblo no llegue a él” …

En este ambiente tan hostil y peligroso Teresa demuestra un espíritu de libertad excepcional junto a un delicado amor por la Palabra de Dios. Se atreve a comentar el Padrenuestro, comentario que constituye la columna vertebral del Camino de Perfección… Y además escribe unas “meditaciones” sobre el Cantar de los Cantares … Santa Teresa conoce la Biblia en forma indirecta a través de los libros espirituales … Muchas citas bíblicas las conoció a través de lo que oía en los sermones de la época”(22)

Santa Teresa se encuentra con la Palabra de Dios en contacto con personas que la conocen y que han experimentado su fuerza transformadora. Además en su experiencia mística llega a descubrir que “Dios es la Verdad, una Verdad vertida en la Escritura, en ella contenida. Dios-Verdad-Escritura. La Verdad que místicamente percibe Teresa está en la Biblia. Esa Verdad es la Biblia”(23). En su experiencia espiritual el Señor la lleva a la comprensión de su Palabra en forma vital ofreciéndole un sentido que va más allá de la letra y del pasado del texto y que muchas veces es novedoso en relación a las interpretaciones de la época.

“Para Teresa de Jesús la biblia no es un fin en sí misma. Está toda orientada a entender e interpretar la propia experiencia espiritual … En Teresa la Escritura es palabra viva. Se funde armoniosamente con su vida, como dos palabras pronunciadas por el mismo Dios. Con naturalidad constata que lo narrado en la Biblia “me parece lo veo al pie de la letra en mí” … Ella es un verdadero testigo de la fuerza y de la luz de la Sagrada Escritura… Nos ha dejado un testimonio riquísimo en una vida sostenida e impulsada, iluminada y explicada por la Palabra de Dios”(24).

3. San Juan de la Cruz y la “lectio divina”

Hay en San Juan de la Cruz una frase que expresa el contenido de la lectio divina: “Buscad leyendo y hallaréis meditando; llamad orando y abriros han contemplando”(25). “La práctica de la lectio divina de parte de San Juan de la Cruz se empalma con la tradición que le precede… Durante su cautividad toledana no tuvo otro alimento espiritual. De esta lectio dan testimonio sus poesías primeras. Los dos Romances, la Fonte y el Cántico Espiritual. Todas ellas son cantares de alma bíblica”.

“La Escritura es para Juan fuente de riqueza infinita, como infinitos son los tesoros escondidos en Cristo, Palabra única del Padre. Su propia palabra, la de un místico, es fruto maduro de ese encuentro con la Escritura… En Juan, la lectura orante de la Biblia es la fuente misma de todas sus riquezas y principio de radicalismo evangélico: ‘Si deseas hallar paz y consuelo de tu alma y servir a Dios de veras, no te contentes con eso que has dejado, porque por ventura te estás en lo que de nuevo andas tan impedido o más que antes; mas deja todas esotras cosas que te quedan y apártate a una sola que lo trae todo consigo, que es la soledad santa, acompañada con oración y santa y divina lección'(26). El testimonio de Juan de la Cruz es palabra y experiencia profundamente enraizada en la Escritura, no por concordismo ni tampoco por la abundancia en la cita de textos. Hay una luz divina y misteriosa que abunda en su palabra, resistente a todo intento de cuadratura. Se trata de la palabra de un místico, de alguien que la sabe por ‘ciencia y experiencia’. Al calor de la Escritura, libro casi exclusivo en la lectura de Juan – según palabras de quienes lo conocían – nace un Juan de la Cruz nuevo, un hombre nuevo que recrea en las palabras lo que nace de una experiencia inefable…

La lectura de la Escritura a la luz de la nueva experiencia de Dios desde la realidad – también palabra de Dios, verdadera gracia desde la fe – y acompañados por Juan de la Cruz, estamos llamados como carmelitas a “recrear” la Palabra. Lalectio divina es una instancia orante, connatural a nuestro carisma. … Desde Juan de la Cruz, quien con sus escritos nos permite entender la riqueza de la Biblia y de la realidad, la lectio se convierte en una experiencia espiritual profunda, novedosa y creativa. Es lectura contemplativa, íntimamente ligada con nuestra vocación profética, abierta a Dios en la historia”(27)

4. Teresa de Lisieux y la “lectio divina”

“Es muy probable que la lectio divina como tal no formara parte de las prácticas del Carmelo de Lisieux. No hay testimonios que lo confirmen o se refieran a ella, ni a ningún otro método de lectura bíblica. Tampoco Teresa nos dice explícitamente cómo leía el Evangelio. Sabemos por Celina que no se contentaba con una sencilla lectura sino que estudiaba de verdad los libros inspirados para descubrir en ellos a Dios. Por eso estudiaba los libros inspirados, especialmente el Evangelio.

De sus escritos podemos deducir un procedimiento ordinario en la lectura bíblica de Teresa, en firme conexión con la lectio divina …:

– sabe muy bien que los diversos acontecimientos de su existencia no son efecto del azar sino que se insertan en una trama tejida por Dios, así como la historia del pueblo de Israel es guiada por Dios;

– al leer la Escritura, percibe el designio de Dios a través de la historia, y esta percepción le ayuda a descifrar las llamas de Dios en su propia historia personal y en la historia y situaciones concretas de las personas … En su búsqueda vocacional, entiende que el ser carmelita, esposa y madre, constituye, sin duda, su vocación. Sin embargo, siente en sí la vocación de guerrero, de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir”(28). Es entonces cuando acude a las Escritura, a los capítulos 12 y 13 de la primera carta a los Corintios y descubre que su vocación es ser el amor en el corazón de la Iglesia.

“El evangelio confrontado con su pobreza es lo que le hace descubrir el caminito de la infancia espiritual … Todos los descubrimientos que Teresa ha hecho a lo largo de su vida los ha bebido en la Escritura: la misericordia divina descrita por las tres parábolas de Lucas (la oveja perdida, la dracma perdida, el hijo pródigo) … en cada página de los manuscritos se descubren pasajes que inspiran e iluminan su realidad o la de los demás y la animan a avanzar en su camino y a perseverar en su actitud de plena confianza de niña ante su padre. Lo esencial para Teresa es escuchar la voz de Aquel a quien ama y a quien se ha entregado por entero. Al profundizar en la Escritura, Teresa descubre cada vez mejor el “carácter” de Dios, se familiariza con las costumbres divinas, con las maneras de “pensar” y obrar de Dios y se esfuerza por pensar y obrar como El.

Experimenta así una verdad bien conocida de los que meditan la Escritura: el evangelio leído, meditado, orado y contemplado bajo la acción del Espíritu Santo nos hace penetrar de una manera cada vez nueva en el Misterio del amor de Dios y las luces se hacen más abundantes para nuestra relación con El y con los demás”(29).

 Preguntas para la reflexión personal y comunitaria

1. ¿En tu monasterio se ha tratado de profundizar personal y comunitariamente en las enseñanzas de nuestra Regla y de nuestros santos sobre la lectura orante de la Biblia?

2. ¿Puedes compartir alguna experiencia de “lectio divina” hecha bajo la guía de la experiencia y de la doctrina de la Regla y de nuestros santos?

3. ¿Qué otras enseñanzas de la Regla y de nuestros santos, los mencionados aquí y los no mencionados, pueden ayudar a las carmelitas a vivir y profundizar en la “lectio divina”?

4. ¿Qué características particulares tiene la “lectio divina” en el Carmelo?

 V. LA PERSPECTIVA PRACTICA DE LA “LECTIO DIVINA”

Objetivo central de la lectio divina es que con la ayuda de la Biblia nosotros podamos descubrir, asumir y celebrar la Palabra de Dios que está también en nuestra vida hoy. Como dice el salmo “¡Ojalá oyerais hoy su voz!” (Sal 98,5).

“La historia secular de la Iglesia nos muestra que para lograr este objetivo se necesitan dos movimientos simultáneos: uno del hoy hacia el ayer y otro del ayer hacia el hoy. El de hoy hacia el ayer pretende investigar el sentido literal, la letra, la historia, hasta llegar al nivel de la problemática humana común (del ayer)… El movimiento del ayer hacia el hoy intenta descubrir el sentido espiritual, el espíritu, el mensaje, la dimensión teologal, es decir, aquello que Dios quiere decirnos hoy por medio del texto de ayer. En este segundo movimiento tienen primacía los criterios de la fe. El ambiente de oración nos da una gran ayuda y favorece la comprensión del sentido espiritual. Letra y espíritu: estos dos movimientos son como cuerpo y alma. La interpretación no se puede hacer sin los dos.

Como podemos verificar, esos dos movimientos están bien presentes en la lectio divina, desde el comienzo al final. El movimiento del hoy hacia el ayer se hace, especialmente, por medio de la lectura y la meditación. El movimiento del ayer hacia el hoy se hace sobre todo por medio de la meditación y la oración. La contemplación es el resultado de la unión de los dos… Esos dos movimientos son posibles tan sólo cuando la lectura parte de tres preocupaciones básicas: a) tener presente la realidad humana de hoy con sus problemas y desafíos que cuestionan la fe y amenazan la vida;

b) tener ante los ojos la fe de la comunidad que nos hace entrar en comunión con el mismo Dios que, en el pasado, guió a su pueblo y a él se reveló en Jesucristo;

c) tener un gran respeto por el texto de la Biblia, evitando cualquier tipo de manipulación o reducción de su sentido. Sólo así la lectura posibilita y alimenta nuestro diálogo con Dios”(30). Para hacer realidad en la práctica la lectio divina se han sugerido diversos métodos concretos. Señalamos dos: uno propuesto por el Equipo de Reflexión Teológica O. Carm – O:C:D: de América Latina y otro por el P. Bruno Secondin, O.Carm, en su libro que citamos anteriormente.

1) El Equipo de Reflexión Teológica O. Carm – OCD distingue el método para la lectio divina personal y para la comunitaria.

A. Para la lectio divina personal:

1. Iniciar con una oración al Espíritu Santo

2. Lectura lenta y atenta del texto

3. Momento de silencio interior recordando lo leído

4. Ver bien el sentido de cada frase

5. Actualizar y “rumiar” la Palabra uniéndola a la vida concreta

6. Ampliar la visión, relacionando el texto leído con otros textos bíblicos

7. Leer de nuevo, orando el texto y respondiendo a Dios

8. Formular un compromiso de vida

9. Escoger una frase del texto como resumen para memorizar

 

B. Para la lectio divina comunitaria

1. Acogida – oración. Acogida y breve compartir las expectativas de los participantes. Oración inicial pidiendo luz al Espíritu Santo.

2. Lectura del texto: lectura lenta y atenta del texto. Momento de silencio para que la Palabra pueda penetrar en nosotros. Repetir el texto frase por frase para ayudar a recordar todo lo que fue leído.

3. El sentido del texto en sí. Intercambiar impresiones y dudas sobre el sentido del texto. Si es necesario, leer de nuevo e iluminarse mutuamente con el mismo texto o con otro texto de la Biblia.

Un momento de silencio para asimilar todo lo que se ha oído.

4. El sentido del texto para nosotros hoy. “Rumiar” el texto y descubrir su sentido para nosotros hoy. Aplicar el sentido del texto a las situaciones concretas que estamos viviendo. Ampliar el sentido confrontando el texto leído con otros textos de la Biblia. Situar el texto en el Plan de Dios que se realiza en la historia.

5. Orar con el texto. Leer (proclamar) de nuevo el texto con toda atención. Momento de silencio para preparar la respuesta a Dios. Compartir en forma de preces las luces y fuerzas recibidas.

6. Contemplar – Comprometerse. Expresar el compromiso al cual nos ha llevado esta lectura orante del texto bíblico. Resumir todo en una frase para tenerla muy presente a lo largo del día.

7. Un salmo. Proponer un salmo que recoja y exprese lo vivido en este encuentro. Recitar juntos, lentamente, el salmo para terminar el encuentro(31)

2) El P. Bruno Secondin, O.Carm propone gráficamente el método de la siguiente manera(32).

Preguntas para la reflexión personal y comunitaria

1. ¿Personalmente o en comunidad has hecho la “lectio divina” siguiendo uno de estos métodos o alguno semejante?

2. ¿Personal o comunitariamente tenéis algún otro método para la “lectio divina”. ¿Cuál?

3. ¿Cuál podría ser el método carmelitano femenino-contemplativo para hacer la “lectio divina?

 CONCLUSIÓN

“La Palabra de Dios, juntamente con los sacramentos, es la memoria de los maravillosos pasos de Dios en la historia liberándonos al caminar con nosotros, en nuestro hoy, y proyectándonos, por la acción del Espíritu Santo, para el futuro … Como los Sacramentos, la Palabra de Dios es señal rememorativa (memoria del pasado), significativa (realización del presente, y prefigurativa (perspectiva del futuro). Es todo el sentido de lo profético. Dicha en el pasado, perdura en el presente y fija la mirada en el futuro grandioso que Dios prepara para aquellos que lo aman (cf. 1 Cor 2,9). Esa Palabra, como los sacramentos, nos compromete. Nos compromete a ser hoy y mañana lo que Dios quiere que seamos”(33)

 ***************

 1. SANTA TERESA, Vida 8,5.

2. DV 25.

3. ” ….

4. VC 58.

5. CRB, Lectura orante de la Biblia (1991) pp. 19-20.

6. DV 1.

7. Id. 8.

8. Cf. GS 4.

9. Cf. id. 12-13.

10. CRB, o.c., pp. 22-23.

11. Id. pp. 24-27.

12. Id. pp. 31-34.

13. Cit. en B.SECONDIN, La lettura orante della Parola. “Lectio divina” in comunità e in parrocchia (Padova, 2001) p. 15.

14. Cit. id. p. 16.

15. DV 25.

16. Id, 21.

17. Ib.

18. B.SECONDIN – M.A. SILVA, La Biblia en la Regla Carmelitana (Tendencias en los estudios), en AA.VV. La Biblia en el Carmelo (Quito 1997) p. 19. De este libro, fruto de la reflexión de un Equipo de Teólogos O.Carm – O.C.D. en América Latina, tomamos la mayor parte de lo que señalamos en este punto cuarto.

19. B.SECONDIN – M.A.SILVA, o.c. p. 24.

20. C.MESTERS, El reto que nos viene de la lectura popular de la Biblia, en AA.VV., o.c. p. 30.

21. Id. pp. 30-33.

22. S.J.BAEZ, Santa Teresa de Jesús y la Sagrada Escritura, en AA.VV., o.c. pp. 43-46.

23. M.HERRÁIZ Biblia y espiritualidad teresiana, en “Monte Carmelo” 88 (1980) 318.

24. S.J.BAÉZ, o.c. pp. 48. 64-65.

25. Dichos, 157.

26. Dichos, 78.

27. O.AZUAJE, San Juan de la Cruz, lector de la Palabra de Dios, en AA.VV., o.c. pp. 75-77

28. R. CUARTAS, Teresa de Lisieux, una existencia evangélica, en AA.VV., o.c. p. 95.

29. Id. pp. 96-98.

30. CRB, o.c., p. 35.

31. AA.VV. o.c., pp. 118-119.

32. B. SECONDIN, O:Carm., o.c., p. 32. Explicación detallada del gráfico se encuentra de la p. 31-39

33. CRB, o.c. p. 10.

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