Lectio Divina

Monja trapense

LECTIO DIVINA

La lectio divina forma parte de los ejercicios espirituales de la vida cisterciense a la misma altura de la liturgia. La lectio divina o “lectura espiritual” es un medio privilegiado para entrar en contacto con el Misterio de Cristo. Tradicionalmente, la Sagrada Escritura es la materia principal de la lectio, de ahí su apelativo divina. La lectio divina es una inmersión de la persona en la Palabra de Dios que contiene el Misterio. Gracias a esta inmersión, se puede realizar una interpenetración de sustancias: el Misterio contenido en la Palabra penetrando el corazón y el corazón, órgano de la Palabra, penetrando el Misterio. Inmersión e interpenetración, tal es la lectio divina.

La lectio divina va más allá de una simple lectura de la Palabra de Dios. Ella supone la lectura, la meditación y la oración (lectio, meditatio, oratio). Pasamos naturalmente de una fase o de un aspecto a otro, sin esfuerzo ni ruptura, bajo la influencia del Espíritu. Si es así, es que el Espíritu presente en nosotros se une a la Palabra de Dios, que está llena del Espíritu Santo, de suerte que la lectio obra como un catalizador y estimula en nosotros la vida de la gracia, Si somos verdaderamente receptivos, la lectio nos unirá al Misterio presente en la Palabra. El fruto de este contacto con el Misterio es la conciencia espiritual, una conciencia enraizada en el ser. La lectio a medida que despierta, desarrolla y profundiza nuestro ser espiritual por la inmersión en la Palabra, nos da una conciencia cada vez más profunda del Misterio de Cristo. La conciencia espiritual emana del ser espiritual y el ser espiritual es transformado por la conciencia espiritual. Todo esto se logra por la gracia de la Palabra de Dios, llena del Espíritu Santo. Si se considera la vida monástica como una transformación de la conciencia, una transformación del ser, el lugar de la lectio divina llega a ser muy importante.

Veamos ahora algunos aspectos concretos de la lectio divina. Se pueden distinguir seis maneras de hacer la lectio. Sin duda, hay otras, pero éstas nos darán una idea general de su práctica:

En la primera, la Palabra expresa el estado de nuestras almas. Es directa. Dice exactamente lo que queremos decir: “De lo profundo, clamo a Tí…” o “Te exalto Señor, tú que me liberas”, etc. En la segunda, la Palabra sugiere y nosotros le respondemos personalmente, de manera afectiva o intelectual. Puede ser una súplica, una meditación, una decisión. En la tercera, la Palabra llena. Es el fruto del estudio. Leemos un texto del cual conocemos la significación desde su contexto y ella nos da con qué alimentar nuestro pensamiento para una más amplia reflexión. En la cuarta, la Palabra hace germinar gracias a la espera. Leemos y releemos un texto, en una espera atenta, en busca de la luz. En la quinta, la Palabra nos vacía [purifica] y nos lleva hacia dentro del Misterio. Es como entrar en el Misterio a través de la Palabra al mismo tiempo que se sale de sí, progresivamente, continuamente. En la sexta manera, se podría decir que la palabra busca. Busca el lugar del corazón para una rumiación simple y apacible, que no descarta resultados concientes.

Estas seis maneras de leer pueden ser superficiales o contemplativas – esto depende de la profundidad de la persona, ahondada por la gracia de Dios.

*   *   *

Abadía Nuestra Señora de la Asunción. Monjas trapenses de Rogersville.

Diócesis de Moncton. Canadá.

http://trappistine.org/francais/lectio.html

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